Ecuador sube al sexto lugar entre los países más peligrosos del mundo
El país escaló 36 posiciones en el índice ACLED 2025, impulsado por la expansión de pandillas y el alza de homicidios
El ranking internacional, encabezado por Palestina, Birmania, Siria, México y Nigeria, evalúa cuatro indicadores: mortalidad, riesgo para civiles, presencia de grupos armados y extensión geográfica de los conflictos. Ecuador aparece inmediatamente después de estos países, superando a Brasil, Haití, Sudán y Pakistán.
De acuerdo con ACLED, el incremento de la violencia en Ecuador responde principalmente a tres factores: la confrontación entre los grupos criminales Los Lobos y Los Choneros; la fragmentación de bandas tras la captura o muerte de sus líderes; y el rol estratégico del país en el tráfico regional y transnacional de drogas. La organización advierte que la tasa de homicidios podría cerrar el 2025 como la más alta de América Latina por tercer año consecutivo, con más de 3.600 muertes atribuidas a acciones de pandillas.
ACLED señala además que el Gobierno de Daniel Noboa enfrenta una ola de criminalidad “sin señales de ceder”, en un contexto de baja popularidad y creciente presión social. La expansión de grupos armados dentro y fuera de las cárceles ha elevado los niveles de riesgo para la población y ha ampliado la presencia del crimen organizado en varias provincias.
La situación regional también es crítica. Brasil y Haití ocupan el séptimo y octavo lugar del índice, afectados por la disputa entre organizaciones criminales por el control territorial y, en el caso haitiano, por la inestabilidad política que se profundizó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. En 2025, la ONU aprobó el despliegue de una fuerza multinacional de más de 5.000 efectivos para intentar contener la violencia en ese país.
Expertos citados por ACLED advierten que la militarización de la seguridad, una estrategia frecuente en la región, puede reducir temporalmente los hechos violentos, pero tiende a generar una mayor fragmentación de grupos delictivos y riesgos de abusos por parte del Estado. La analista Sandra Pellegrini señala que la presión internacional —particularmente de Estados Unidos— favorece políticas de “mano dura” que no siempre producen resultados sostenibles.





